Sección: economia
Fecha: 26/12/08
URL: http://www.lavozdegalicia.es/dinero/2008/12/26/0003_7422231.htm
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La veda de la anchoa en el golfo de Vizcaya, que los ministros de Pesca de los Veintisiete acordaron prorrogar hasta la primavera el pasado viernes en Bruselas, le ha costado desde el año 2005 al Gobierno español 26 millones de euros. Esa cantidad, destinada a ayudar a los marineros y armadores afectados por el cierre, supera el total de la inversión pública nacional en proyectos de desarrollo sostenible de las zonas de pesca que España prevé ejecutar de aquí al 2013 con cargo al Fondo Europeo de la Pesca (FEP) en Galicia y Andalucía, sus comunidades pesqueras más importantes. La pesquería del bocarte en el golfo de Vizcaya, en la que hasta el 2005 participaban medio centenar de buques gallegos, atraviesa desde hace años una delicadísima situación biológica, que ha situado su biomasa en menos de 30.000 toneladas. Es decir, muy por debajo del listón de las 33.000 toneladas en el que los científicos sitúan el mínimo imprescindible para levantar la veda. El problema es que después de tres campañas prácticamente en blanco, no se atisban indicios de recuperación. «La situación es extrema», reconoció el pasado viernes en la capital belga la ministra de Medio Ambiente y Medio Rural y Marino, la gallega Elena Espinosa. Su departamento prevé convocar en los próximos meses una reunión con el sector, la Comisión Europea, el Gobierno francés y los responsables de las comunidades más afectadas -Galicia, Asturias, Cantabria y el País Vasco- para poner en marcha un plan de investigación que contribuya a explicar por qué sigue habiendo tan poca anchoa si los pescadores han dejado de faenar. Ciclo corto El boquerón -la anchoa es el nombre de una de sus especialidades culinarias- es una especie pelágica de ciclo vital corto y muy sensible a cualquier cambio medioambiental, lo que complica su reproducción y, por tanto, el relevo del stock. «Una de las razones de que el caladero no se haya recuperado puede ser que el parón haya permitido a otras especies que se alimentan de bocarte ocupar el lugar de la actividad humana», señalan fuentes de la Secretaría General del Mar. Algunos biólogos, sin embargo, creen que la presión pesquera ha sido desmedida hasta que se decretó la veda, y que hará falta más tiempo para que la pesquería ofrezca las posibilidades de antaño. En el 2006, cuando se admitió que el 10% de la flota -una treintena de buques españoles y franceses-, saliera a faenar bajo el amparo de una campaña científica, apenas se consiguieron 1.500 toneladas. El Consejo Internacional para la Exploración del Mar (CIEM) calcula que desde 1960 se han extraído del golfo de Vizcaya cerca de 1,5 millones de toneladas de anchoa. Y aunque España dispone en teoría del 90% de la cuota comunitaria, ha sido Francia la que más ha presionado el caladero. Solo le corresponde el 10% restante, más otras 9.000 toneladas anuales que intercambia a España por 2.500 toneladas de cuota de merluza en virtud del Tratado de Arcachón, firmado en 1992. Pero la flota gala, compuesta por 80 modernos arrastreros, capturó en el período 1993-2006 más de 175.000 toneladas, frente a las menos de 167.000 de los 200 pequeños cerqueros españoles. La falta de anchoa también afecta a la industria conservera, que se ha visto obligada a buscar materia prima fuera de la Unión Europea. Para garantizar el suministro a precios razonables, la Unión ha ampliado el contingente de boquerón extracomunitario libre de aranceles que permite entrar en su territorio.


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