Sección: internacional
Fecha: 24/12/08
URL: http://www.abc.es/20081224/internacional-estados-unidos/saluda-disposicion-acoger-presos-20081224.html
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ANNA GRAU CORRESPONSAL
NUEVA YORK. Barack Obama quiere cerrar Guantánamo en dos años y ha encargado al secretario de Defensa, Robert Gates, que estudie cómo hacerlo. El problema es que la Casa Blanca no se ve capaz de solucionar sola esta papeleta: sin la colaboración de Europa no se puede vaciar Guantánamo, opinan en el entorno de Obama. Alemania y Portugal serían los primeros países que se han mostrado receptivos a este mensaje, que podría llegar a la mesa del Consejo de Ministros de la UE a finales de enero.
«He notado recientemente informaciones provenientes de Europa que resultan del todo esperanzadoras sobre una nueva actitud por parte de los países europeos y de la UE» ante el posible cierre de la prisión cubana, declaró ayer Sean McCormack, portavoz del Departamento de Estado. Por su parte, fuentes oficiales citadas ayer por «The Washington Post» insisten en que hay complicaciones tanto jurídicas como de seguridad: Guantánamo ha devenido una especie de guardamuebles de presuntos terroristas, un trastero humano atestado de gente que lleva años allí sin haber podido ser procesada, y que no está claro que lo sea si su caso se remite a la justicia ordinaria.
Pero no todo el mundo que está en el limbo es inofensivo. Hay gente notoriamente peligrosa, cuyo peligro además es fácil que se haya multiplicado por cien tras los malos tratos recibidos. Luego están los que al margen de si son inocentes o culpables ya no tienen a dónde ir. Es, por ejemplo, el caso de los diecisiete presuntos terroristas iugures procedentes de la región china de Xinjiang -mayoritariamente musulmana-, que combatían junto a los talibanes en Afganistán en 2001 hasta que fueron apresados por fuerzas paquistaníes y entregados a Estados Unidos. Ahora China los reclama, y tiene unos planes para ellos que podrían no encajar demasiado en la Convención de Ginebra, según los observadores.
El caso de los iugures es sólo un ejemplo del infierno legal y diplomático en que se puede convertir el cierre de Guantánamo: China no sólo reclama a «sus» supuestos terroristas, sino que se opone a que vayan a ningún otro país. Para eso está Europa. El hecho de que ya no quede ningún prisionero europeo en Guantánamo es un punto a favor. Pero no hay muchos más. No hay país al que haga feliz acoger ex-internos de Guantánamo, algo que habría sido impensable -por lo menos de forma pública- cuando el presidente norteamericano era George W. Bush.
Frialdad de De la Vega
En realidad no es un cambio tan importante como parece: Alemania ha sido uno de los países más activos en llevar una doble contabilidad diplomática, criticando en público la guerra de Irak y permitiendo en privado operaciones secretas de la CIA en su territorio. La llegada de un presidente como Obama puede permitir la reunificación del discurso alemán.
Según fuentes citadas por el «Post», hay por lo menos seis países europeos estudiando cómo aligerar a Estados Unidos de unos cuantos reclusos de Guantánamo, aunque sólo Alemania y Portugal lo hayan admitido. Hay resistencias feroces, como la de Dinamarca. Pero otros, como Reino Unido, Francia o la misma España guardan silencio. Durante su reciente visita a Nueva York, la vicepresidenta primera del gobierno español, María Teresa Fernández de la Vega, se mostró muy fría con esta posibilidad, aunque tampoco se atrevió a descartarla de plano.
A. GRAU
NUEVA YORK. Barack Obama jurará el próximo 20 de enero ser un fiel y cabal presidente de los Estados Unidos sobre la misma Biblia que en 1861 utilizó Abraham Lincoln. La Biblia en cuestión estaba guardada como oro en paño en la Biblioteca del Congreso, que la cede graciosamente para la ocasión, y que incluso la exhibirá en público unos días antes, para deleite de curiosos, mitómanos y periodistas.
No hay ninguna obligación de jurar la presidencia sobre la Biblia pero es costumbre. También es costumbre no jurar sobre la «Holy Bible» que uno se encuentra dentro del cajón de su hotel en Washington -no olvidemos que a la familia Obama le ha sido denegada la mudanza anticipada a la Casa Blanca-, sino usar un ejemplar con mayor valor sentimental, familiar o histórico.
Que no fue el caso de Lincoln: su propia Biblia estaba ilocalizable dentro de los bultos de su propia mudanza a la Casa Blanca, con lo cual William Thomas Carroll, secretario del Tribunal Supremo, tuvo que salir urgentemente a comprarle una. Eligió un primor editado en 1853 por Oxford University Press, forrada en terciopelo borgoña y con hermosos remates dorados, que actualmente ostenta el sello oficial y la firma de Carroll para dar fe de su valor histórico.
Sorpresa por el oficiante
Jurar sobre la Biblia de Lincoln puede parecer un gesto patriótico obvio, pero lo cierto es que no se le había ocurrido a ningún otro presidente. Es de esperar que con este gesto se calmen los ánimos contrariados y hasta exaltados por la elección como responsable de la invocación religiosa de la ceremonia del pastor evangelista californiano Rick Warren, firme detractor del matrimonio homosexual. Hay quien se ha sorprendido, hasta el punto de acusar al futuro presidente de tener poco talento a la hora de elegir a sus sacerdotes de cabecera.


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