Sección: sociedad
Fecha: 25/02/08
URL: http://www.elmundo.es/papel/2008/02/25/ciencia/2333568.html
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Cuando, en 2004, un ex abogado de Wall Street y antiguo ministro de Industria se presentó como el nuevo comisario de Medio Ambiente en la Eurocámara, los parlamentarios temían que la Comisión Europea se preocuparía más por los ganancias de las acerías que por la contaminación.

Desde entonces, Stavros Dimas ha sorprendido por su tenacidad ante la industria alemana y otros reacios. Ahora, el griego habla con entusiasmo del plan de la UE para reducir los gases al menos un 20% en la próxima década y alaba a las ONG por su esfuerzo contra el cambio climático. «Fueron nuestros mejores aliados cuando, hace sólo tres años, nos sentíamos muy solos», dice en su despacho iluminado con bombillas de bajo consumo.

Pregunta.- ¿Necesita la Comisión más instrumentos para obligar a los países, como España, a cumplir con Kioto?

Respuesta.- La UE en su conjunto va a cumplir su objetivo del Protocolo de Kioto: reducir las emisiones un 8% en 2012 respecto a 1990. Algunos países lo están haciendo mejor que otros: España puede aumentar sus emisiones un 15%, pero, en 2005, estaba un 50% por encima de este objetivo, lo que es mucho. Ya se han tomado medidas, como el plan anual de emisiones y la posibilidad de comprar créditos en terceros países. España tiene la posibilidad de acercarse al objetivo.

P.- ¿Pero se necesitan más poderes para forzar a metas más ambiciosas?

R.- El mercado de emisiones ya resuelve el problema, porque las instalaciones que no reducen sus emisiones pagan más por los permisos para emitir. Y esto va a contribuir a la reducción del 20% de gases en 2020 respecto a 2005, junto con otras medidas, como la limitación de las emisiones de los coches, la calidad del combustible o la eficacia energética. Cada país debe actuar para los sectores no cubiertos por el mercado de emisiones, por ejemplo la construcción. En España, el aislamiento de los edificios no es tan bueno como debería serlo.

P.- 2005 fue un año de récord de emisiones españolas. Si esa es la base para el nuevo plan, España no se va a ahorrar Kioto.

R.- Son dos planes diferentes. En 2012, España debe cumplir con su objetivo de Kioto. Ya que se ha tenido en consideración su crecimiento económico, tiene un objetivo más fácil para 2020. En 2005, las emisiones fueron mucho más lejos de lo que esperábamos.

P- ¿Es suficiente una reducción del 20% de emisiones de CO2?

R.- No, no es suficiente. Ni siquiera si la UE las reduce un 30%, como se planea hacer si otros países desarrollados la siguen, conseguiría luchar de manera efectiva contra el cambio climático. Se necesita un esfuerzo global con la reducción de emisiones contaminantes de todos los países desarrollados y contribuciones de los países en vías de desarrollo. Incluso si la UE redujera el 40 ó el 50%, esto no sería suficiente para frenar el calentamiento. La UE emite un 14% de los gases globales y ese porcentaje está cayendo.

P.- ¿Por qué la Unión Europea no ha empezado con una meta más ambiciosa?

R.- Somos los más ambiciosos del mundo, no hay ningún otro país ni región con tanta ambición como para comprometerse a un objetivo unilateral del 20% de reducción. Si otros países desarrollados acuerdan más recortes, estamos dispuestos a unirnos.

P.- ¿Hasta que EEUU no lo lidere no se puede hacer más?

R.- Hemos avanzado sin esperar a EEUU. Presionamos para llegar a un acuerdo internacional. En Bali, EEUU accedió, por primera vez, a negociaciones oficiales para comprometerse a reducciones de CO2. Y, también por primera vez, lo hicieron los países en vías de desarrollo, según el principio de las responsabilidades comunes, aunque diferenciadas. Hemos pactado que se firme un acuerdo internacional en 2009 en Copenhague y se ha conseguido por los esfuerzos de la UE.

P.- Usted dice que el cambio climático no es una lucha, sino una guerra, ¿contra quién?

R.- Es una guerra, porque tenemos que luchar muchas batallas para ganarla. En Bali, conseguimos la mayoría de nuestros objetivos. Y ahora tenemos dos años de negociaciones muy duras. Es una guerra contra el tiempo para cumplir con las reducciones necesarias antes de que el calentamiento exceda los dos grados, el punto de no retorno después del cual los impactos serían catastróficos. Ya no hay países ni industrias que cuestionen la existencia del cambio climático: eso es algo del pasado. Hoy los gobiernos tienen distintos enfoques, pero un objetivo común, y todas las empresas -no hay más que ver los anuncios- quieren ser verdes. La opinión pública ha ayudado mucho a acelerar el proceso hacia un acuerdo internacional.

P.- ¿Se pueden cumplir estos objetivos sin energía nuclear?

R.- Sí, con nuestras medidas. La energía nuclear no se considera energía renovable. Tiene la ventaja de que produce menos CO2 que otras fuentes, pero también problemas como qué haces con la basura radiactiva o con el sarcófago nuclear después de que las instalaciones hayan superado su vida útil... Hay cuestiones de seguridad a tener en cuenta. La Comisión es neutral en este asunto. Cada país decidirá.

P.- ¿No tiene dudas sobre la inclusión de los biocombustibles en el plan contra el cambio climático, dadas la incertidumbre sobre su eficacia verde?

R.- Los biocombustibles tienen muchos impactos negativos sociales y medioambientales, como se ha descubierto en los últimos meses. Hemos visto que el precio de la tortilla en México se ha doblado por las subidas del maíz y también se han encarecido otros productos en el resto del mundo. Además, pueden provocar la deforestación o la desaparición de algunos cultivos. Por eso, la UE especifica que los biocombustibles deben ser sostenibles y debemos promover los de segunda generación. Es la primera vez en el mundo que se introduce el criterio de sostenible, para que los biocombustibles no deriven de cultivos en bosques o ahorren un porcentaje de CO2.

P.- ¿Está estudiando actuar contra el Gobierno español o el británico por el vertido del New Flame?

R.- No tenemos competencias para intervenir. Cuando nos pidieron ayuda en agosto, movilizamos a nuestros expertos de protección civil para evitar contaminación del área. Si se ha infringido la legislación europea, por supuesto, intervendremos de acuerdo con los procedimientos.


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