Sección: economia
Fecha: 09/07/07
URL: http://www.elmundo.es/papel/2007/07/09/economia/2149859.html
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La autopista entre Lisboa y Oporto se suele poner como ejemplo del buen uso de los fondos de la UE, pero sus dos carriles flanqueados por obras en las sinuosas rutas portuguesas aún se parecen poco a las carreteras de su vecino ibérico. Antes de las ayudas, se tardaba un día en recorrer los 300 kilómetros que separan las dos grandes urbes portuguesas; hoy, menos de cuatro horas.Portugal, que ostenta la presidencia de turno de la UE desde el 1 de julio, afronta lo que puede ser su segunda crisis en una década, mientras aún lucha por empezar las reformas que ningún gobierno ha logrado. El actual, del socialista José Sócrates, es casi el primero con mayoría y legitimidad social para intentarlo. Pero los expertos aún se preguntan por qué no se ha terminado de ver el impacto de los fondos estructurales y de cohesión europeos, que, en su caso, suman más de 51.000 millones de euros entre 1986 y 2006 y rozan el 2% del PIB per cápita (España, en el mismo periodo, recibió cerca de 118.000, una cifra menor por habitante, aunque con la ayuda agrícola, de la que Portugal apenas se beneficia, supera los 200.000).Después de 20 años de ayudas europeas, de los cuatro principales receptores, España e Irlanda han superado la media comunitaria, aunque sea gracias a la entrada del bloque de países orientales, han desarrollado sus regiones y se han salido del club de los primos pobres, mientras Grecia y Portugal se han quedado entre los nuevos rezagados.De 1995 a 2006, en la UE de 15 socios, Portugal pasó en PIB per cápita del 65,8 al 65,5% de la media, es decir que, como explica el profesor Rafael Pampillón, no progresó nada, «convergencia cero» en 11 años; en esa década, España saltó del 78,4 al 90,5%. El ministro de Economía portugués, Fernando Teixeira dos Santos, que también estaba en el Gobierno en los 90, reconoce que «la ilusión de prosperidad» se mezcló con la debilidad del Ejecutivo para aplicar reformas básicas, ajustar las cuentas públicas, bajar impuestos, reducir la deuda y privatizar empresas públicas. «Mejor tarde que nunca», suspira el ministro en Lisboa.Los portugueses repiten que partían de una base peor que su vecino ibérico. «Aunque la dictadura de Franco fue más brutal que la de Salazar, Franco dejó a España más preparada para el futuro... creó núcleos de desarrollo inexistentes en Portugal, donde faltaba la clase media», destaca Manuel Carvalho, diplomático portugués responsable de la negociación de los últimos fondos en el presupuesto 2007-2013, un ciclo difícil por la presión de los nuevos del Este ávidos de fondos y de los ricos del Norte que quieren aportar menos. Aún así, Portugal, que ha pasado al 75% de renta de la media comunitaria con la ampliación a 27, ha logrado mantener un nivel parecido a anteriores ciclos, 22.500 millones de euros entre fondos estructurales y ayuda al desarrollo rural. «No basta gastar el dinero, se necesita un apoyo estructural», dice Carvalho.Portugal creció en 2006 al 1,3%, mientras hace equilibrismos contra su déficit público, del 3,9%. Su ejemplo más esperanzador aún es el modelo de Irlanda, que tardó tres décadas en despegar desde sus primeras ayudas en los 70 por su inversión en educación a medio plazo.Pero ni las ayudas, ni la UE en el futuro, se parecerá a las de los 80 y 90, por su extensión, presupuesto y directrices. En 2008, los Veintisiete revisarán cómo se utiliza el dinero comunitario, cuyo 40% se dedica a la Política Agraria, que acaparan Francia, el primero con gran distancia, España e Italia. Portugal apenas recibe fondos agrícolas, porque, como explica Carvalho, «la PAC está diseñada por y para Francia», es decir para grandes mesetas de cereales y no para el relieve. Pero a Portugal también le falta «capital humano», su obsesión para el siguiente ciclo de ayudas. Las naranjas de Huelva y las de Vila Real de Santo António (Algarve) son idénticas, pero los agricultores españoles se organizan, distribuyen y venden mejor.Sócrates promete actuar contra la ineficacia, también con una reforma de la Seguridad Social que le garantiza las manifestaciones allí adonde va. «Hay que dejar el pasado atrás», dijo hace una semana en Oporto, cuando la Comisión aceptó su nuevo plan de fondos. En el Alentejo, Danuta Hübner, la comisaria polaca de Política Regional, recomendó a los portugueses que aprovechen sus ventajas, «la calidad de vida», el sol y la belleza natural, para atraer profesionales. Pronto, tendrán menos fondos, que se irán hacia el país de la comisaria, el principal receptor.@FIRMA:MARIA RAMIREZ. Corresponsal


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